Plataformas de taxis: ¿Para quién y cómo funcionan?

Plataformas de taxis: ¿Para quién y cómo funcionan?

El debate sobre Uber y otras plataformas de servicios de transporte en automóvil en Chile ha estado marcado por dos posiciones. Quienes defienden la plataforma lo hacen describiendo atributos como su menor precio, más seguridad, más rapidez, mejor atención y uso de mejores modelos de autos. Este tipo de observaciones suele hacerse en comparación con el servicio actual de taxis, el cual poseería justamente las cualidades contrarias: caro, inseguro y lento, entre otros.

sharing economySin embargo, para entender qué es Uber y sus consecuencias se necesita mirar más allá de la app y sus cualidades. Por ejemplo, Luis Larraín Arroyo concluye su columna con la frase “if it works, don’t fix it”. O sea, ¿para qué darle tantas vueltas al asunto? ¿Por qué complicarnos si el servicio es mejor?

La forma como este tipo de plataformas se presenta -eficiente, amistoso- no corresponde necesariamente con lo que se observa al mirar con más detalle su funcionamiento. Más allá de la legítima postura de los taxistas y el Ministerio, lo que haga Uber y empresas similares en Chile tiene consecuencias no sólo para los usuarios de Uber y el sector privado sino que para todo el sistema de transporte público.

No voy a ser para nada creativo. Primero voy a resumir la descripción que hizo Evgeny Morozov del modelo de negocios de Uber y luego voy a mencionar algunas de las conclusiones que la académica José van Dijck hizo recientemente en una presentación de su futuro libro La sociedad de las plataformas (disponible en video y audio). La idea es ilustrar por qué es necesario debatir sobre plataformas como Uber más allá del argumento de “a mí me funciona”.

El modelo de Uber

¿Es realmente eficiente Uber? Muchos de quienes defienden su libre operación aseguran que sí debido a su rapidez y menor precio.

Corresponde preguntarse entonces por qué Uber es o puede ser tan barato.

"La única elección aquí es entre más precariedad para los conductores y para los pasajeros, quienes tendrás que aceptar precios más altos, con o sin prácticas como la tarifa dinámica (los precios aumentan cuando la demanda es alta)" - E. Morozov.

La respuesta no radica necesariamente en su uso de la tecnología. Como explica Evgeny Morozov, Uber perdió cerca de US$1.7bn en casi todo 2015 (enero a septiembre). Esta “quema” ineficiente de recursos se explicaría por la meta de Uber de desplazar a la competencia. Sólo en China la empresa está perdiendo US$1 billón anual. Es muy poco probable que los sistemas tradicionales de taxis cuenten con una inyección similar de recursos como el que recibe Uber de inversionistas de Silicon Valley y que le permite bajar sus precios y mejorar su servicio.

Gran parte del éxito de este tipo de plataformas se debe a la incapacidad de los gobiernos de cobrar los impuestos que corresponden. Esta situación no ocurre sólo con Uber sino que con muchos servicios digitales. La situación es tan crítica en algunos países que este año Google y el gobierno de Reino Unido tuvieron que llegar a un acuerdo para definir un monto adecuado.

Uber ha operado en un área gris en términos de regulación no sólo en Chile sino que también en otras ciudades del mundo, lo cual puede considerarse parte de su modelo de negocios. 

¿Estamos hablando de innovación cuando el modelo de negocios de una empresa considera sostener pérdidas por años para desplazar a la competencia? ¿Se puede catalogar de eficiente ese modelo? La guerra de precios con Lyft en Estados Unidos ha significado el recorte de las tasas para los conductores.

Iniciativas como Startup Chile, por ejemplo, asumen que la innovación puede llevar una app a tener éxito a escala global, lo cual contrasta con la historia de muchos servicios que hoy son considerados exitosos. Muchas veces el nivel de innovación de una app importa menos que su capacidad para recibir financiamiento y burlar sistemas regulatorios.

Un punto importante que me gustaría añadir es el de la interoperabilidad. En los años 90 Microsoft debió enfrentar múltiples acciones legales por favorecer Internet Explorer en su sistema operativo Windows, lo cual se interpretó como una práctica anticompetitiva. ¿De qué forma interactúa Uber con otras apps o servicios? Puede que hoy la pregunta no tenga mucho sentido, pero si Uber logra transformarse en la plataforma de taxis por defecto, entonces alcanzará una posición dominante que desincentivará la competencia.

Uber como plataforma

La palabra “plataforma” viene en alza desde hace unos años. Lo curioso es que fue adoptada por servicios como Youtube debido a su vaguedad: la idea es presentarse como facilitadores o vitrinas del contenido que suben los usuarios, procurando así disminuir su responsabilidad sobre lo que ahí ocurra. La forma como se presenta Uber –como una empresa de tecnología y no de transporte– refleja esta idea de espacios, servicios o apps neutrales.

La académica José van Dijck la tomó para describir lo que ella ha llamado La sociedad de las plataformas que publicará pronto en un libro. Su principal tesis es que el éxito de las plataformas está teniendo impacto no sólo a nivel de negocios o prácticas privadas sino que también en los servicios y la esfera pública en general. Áreas como la salud, el periodismo y la educación superior han sufrido importantes transformaciones debido a la aparición éxito de plataformas como patientslikeme, Twitter y Coursera.

van dijck
José van Dijck presentando su idea de La sociedad de las plataformas.

El punto más importante es que estas plataformas poseen valores inherentes que muchas veces son invisibles pero que tienen consecuencias para la esfera pública. El código, los algoritmos, los protocolos no son neutrales. Por ejemplo, los algoritmos de Facebook valoran los “likes” por sobre la relevancia de los artículos, lo cual genera un Newsfeed específico y que, si pensamos en la distribución de noticias, es distinto al criterio periodístico.

La pregunta es: ¿cuáles son los valores de plataformas como Uber? Van Dijck cree que para entenderlo debemos analizar su mecanismo de funcionamiento.

Los datos son un elemento clave para las plataforma. Gran parte de la “eficiencia” de Uber puede explicarse por su uso de datos, el cual le permite registrar nuestros viajes y así determinar la disponibilidad necesaria de vehículos. Además de ayudar en su operación, los datos pueden ser comercializados por sí mismos y cruzados con información de otras plataformas como Facebook.

Otro elemento del funcionamiento de las plataformas es la selección automática que se realiza a través de algoritmos. No sabemos cómo funciona Uber, pero es probable que internamente categorice a los usuarios según sus patrones de usos valorando a los más leales y, sumado a la oferta y demanda, establezca una “tarifa dinámica” (patentada este martes en EE.UU.).

Bajo esta lógica, aquellos que tienen más recursos -los superusers– pueden contar con más garantías y disponibilidad que quienes no. En vez de redistribuir los costos entre todos los pasajeros del transporte público, Uber considera la tarifa dinámica un mecanismo legítimo.

Por último, el modelo de negocios y de administración de las plataformas muchas veces se oscurece. ¿Qué tan transparente es la app en cuanto a su mecanismo de financiamiento y modelo de negocios? Aunque no es una empresa pública, entrega un servicio público. (Idea: Plataformas como Uber podrían incluirse en la propuesta de Fundación Multitudes de ampliar la Ley de Transparencia).

Muchas de estos temas no se refieren a la regulación directamente o son muy difíciles de regular. Por ejemplo, ¿otorga Uber derecho a la privacidad? ¿Se puede utilizar el servicio de forma anónima? ¿Cómo afecta la plataforma a quienes no usan o no quieren usar smartphones? ¿Puede Uber elegir a los usuarios? Ranking Digital Rights es un proyecto interesante que ha evaluado el respeto a los Derechos Humanos por parte de empresas de internet, telecomunicaciones y productores de software y dispositivos.

Un estudio aseguró que Airbnb -o los usuarios de Airbnb- discriminan a otros usuarios por su raza, lo cual fue reconocido por la empresa. Así, lo que muchos han destacado de Uber -poder evaluar el servicio de los choferes- también puede funcionar al revés: las plataformas seleccionan a los clientes.

Estos son ejemplos de cómo la adopción de plataformas como Uber merece ser analizada en profundidad por las consecuencias que tiene en servicios que hoy son entregados en la esfera de lo público.

Más allá del “funciona bien”

No me extendí aquí sobre aspectos legales porque las posturas ya han sido presentadas a través de los medios. Lo que hice fue considerar aspectos más generales, como el financiamiento de Uber y el rol de los datos en este tipo de plataformas para contextualizar de manera más completa un fenómeno que afectará no sólo el transporte público sino que otras áreas también.

Esto no quiere decir que los taxis tradicionales funcionan a la perfección. Tampoco que los valores que entregan no son susceptibles de ser analizados (la organización de taxistas aseguró que tomarían medidas al respecto). Sin embargo, conocemos y tenemos ideas sobre los valores que han inspirado o que deberían inspirar la regulación y fiscalización de los taxis tradicionales, lo cual no ocurre en el caso de las plataformas.

En general, el argumento de “a mí me funciona” no es nuevo y suele ser sostenido por personas que pertenecen grupos privilegiados. ¿Para quién funciona? ¿A qué costo? Es cierto que a veces las conclusiones no son posibles de traducir en regulaciones concretas, pero reconocerlas es un primer paso para encontrar soluciones. Lo importante, creo, no es si Uber es bueno malo sino que identificar cómo su presencia está cambiando la forma como nos organizamos.