Lo que podrán aprender los medios de noticias con la llegada de Netflix a Chile

La llegada de Netflix a Chile a fines de año podría poner fin a la idea de que en Chile somos un país proclive a la piratería y en donde difícilmente prosperarán servicios de pago por internet. Netflix es televisión on-line que ofrece series y películas a cambio de una suscripción mensual, ¿por qué habríamos de preferirlo antes que a Cuevana?.

El servicio partió en Estados Unidos y actualmente sólo se ha expandido a Canadá. En total tiene más de 23 millones de usuarios y Latinoamérica es sólo su segundo aterrizaje.

El precio mensual de suscripción allá es de US$7.99 y puede verse en diversos dispositivos, como televisores, computadores, X-Box 360 y Apple TV, entre otros (si quieres saber un poco más puedes leer un artículo que escribí en Sentidos Comunes donde incluso lo propongo como “lo que deberían estar mirando” los que debaten sobre TV digital).

La pregunta es: ¿Cómo le irá en Chile? Y la pregunta implícita es cuál es la propuesta de valor para un país donde Chile en el que podemos entrar a Cuevana y obtener un servicio similar.

Cuevana ofrece ver películas sin la necesidad de descargarlas, tal como Netflix. Su existencia se la debemos a, según ellos mismos explican en un reportaje de la Rolling Stone, un vacío en las leyes de Argentina, país donde fue inventado. “El vacío reglamentario que hay en el país hace que un sitio como Cuevana pueda existir sin trastornos legales (…) Los jóvenes creadores de Cuevana aseguran que nunca tuvieron problemas legales por el sitio, pero saben que dependen de lo que pueda cambiar con la regulación de la nueva Ley de Medios Audiovisuales”.

El éxito o fracaso de Netflix en Chile podrá ser un buen medidor para los medios de noticias on-line de los resultados de un “muro de pago” al estilo del New York Times. Hasta ahora, el principal argumento que he oído es el de “la cultura” chilena, supuestamente poco dispuestos a pagar por algo que podemos obtener gratis. Sin embargo, creo que un factor más importante es el de las leyes que protegen de la piratería y que en Chile, aunque a algunos les duela, son bastante flexibles. Han habido avances, pero EE.UU. aún nos mantiene en la “lista negra” de países con repsecto a la piratería. En Chile el costo por piratear (producir y consumir esos productos) es bajo, por lo que resulta inútil argumentar en el factor “cultural” los altos niveles de piratería en el país.

Por lo tanto, ¿por qué cambiarse de Cuevana a Netflix? Ya sea que alguien prefiera Netflix porque permite ver las series y películas en HD o porque está disponible para más dispositivos, el factor clave no está en la película, que finalmente siempre es la misma, sino que en lo que está alrededor de ella: su presentación, la experiencia de consumo. Si le va bien en Chile, los medios de noticias deberían comenzar a pensar en cobrar no por las noticias sino que por “lo demás”: cómo y dónde las leemos.

Actualizaciones

Simón desde Google+:

Colaboración: “Un modelo de televisión es posible: online y abierta”

Me lo pidieron de Sentidos Comunes y lo hice. Una excelente excusa para ponerme a investigar en qué iba el proyecto de ley de Televisión Digital. Al final, el resultado era obvio: igual de mal que al comienzo. Porque mientras que los diputados creen razonable permitir fenómenos tan chilensis como las concesiones indefinidas, la mayoría de los “expertos” sobre el tema siguen debatiendo una ley pensada para otro sistema de medios.

Lo que quise fue mover un poco la cuestión y plantear la posibilidad de una televisión online (TVIP) y abierta. Es decir, que en vez de utilizar el espacio del espectro electromagnético para recibir ceros y unos de canales de televisión lo usáramos en repartir ceros y unos de internet en general. Hay que ver lo que está pasando sobre todo en EE.UU. para imaginar el futuro.

Todo será social: Pagos y face recognition

Después de leer alrededor de 500 artículos para ponerme al día, hubo dos aplicaciones (sitios, servicios, redes) que me llamaron especialmente la atención y que está en línea con la idea de “cuando hasta mi refrigerador sea social“.

1. Viewdle: Reconocimiento facial y todo lo que eso significa

Imagina que estás en una fiesta y conoces a muy poca gente o a nadie. De pronto sacas tu celular y, con sólo apuntar las caras de las personas, puedes ver sus últimas actualizaciones en Facebook y Twitter, las canciones que ha escuchado en Last.fm, los programas de televisión y películas que ha visto en Miso o los libros que ha leído en GoodReads.

Esa es la propuesta de Viewdle, que comenzó como un software de reconocimiento de fotos para poder taguearlas automáticamente antes de ser subidas a Facebook, por ejemplo, pero que con el correr del tiempo fueron advirtiendo el potencial de la herramienta y comenzaron a pensar el futuro. Porque no se trata de una nueva red social, sino que de otra forma de visualizarlas, de darles otra utilidad. En resumen: reconocimiento facial + redes sociales + realidad aumentada.

RedWriteWeb lo vende como el “creepy, super cool future of smartphones & social networks“: asusta, pero es imposible no imaginar el éxito que podría tener una herramienta como esta.

2. Pagos sociales con Dwolla

Dwolla es una especie de PayPal pero con dos características. La que no nos importa se trata de que cobra sólo 25 centavos por transacción, y la que nos importa es su integración con Twitter.

Hasta unos meses pensaba que Square causaría una revolución, pero la propuesta de Dwolla es mejor porque elimina el concepto de tarjetas de crédito y permite traspasar dinero a través de las redes sociales.

La gráfica que refuta la muerte de la web de Anderson

Después de la publicación de Chris Anderson sobre la muerte de la web, diversos medios reaccionaron a la publicación de la revista Wired. Sin embargo, el argumento que se ha hecho más popular fue lanzado por Boing Boing y, en resumidas cuentas, plantea que en realidad la web, es decir, el mundo de los browsers, el HTML y el HTTP sigue creciendo.

Esta fue la gráfica que usó Anderson para demostrar su teoría:

Wired.com

Y así fue como lo refutaron:

boingboing.com

Como se ve en el gráfico 2, la web sigue creciendo. Y es que Anderson prefirió elegir como criterio la distribución del ancho de banda de internet, mientras que BoingBoing lo hizo en base al tráfico.

Chris Anderson: Chao Web, hola internet

El editor de la revista Wired, Chris Anderson, le dice adiós a los browsers, al sistema abierto y libre, a la búsqueda, y le dice hola a las aplicaciones, al pago y a la recepción. Ya en 1997, trece años atrás, apareció una columna en la Wired titulada “Push!” en la que se despedían de los browsers. Pero ahora los datos confirman la tendencia.

¿Descubrió Anderson el futuro de internet?

Cada vez la World Wide Web se usa menos. La multiplicidad de los soportes (iPhone, iPad, iPod, X-Box, notebook, desktop PC, etc.) es uno de los factores, pero también el hecho de que la web abierta no ofrecía un buen negocio a los desarrolladores. Así las cosas, se podría decir que uno de los más perjudicados podría ser Google, cuya manera de entender la web se inclina más por la web.

Chris Anderson lo explica así desde el punto de vista del usuario:

And it’s the world that consumers are increasingly choosing, not because they’re rejecting the idea of the Web but because these dedicated platforms often just work better or fit better into their lives (the screen comes to them, they don’t have to go to the screen).

Chris Anderson es uno de los “gurús de la web” más populares. Su teoría más conocida es “the long tail” sobre el sistema de que unos pocos paguen un servicio para muchos. A partir de entonces se dedicó a recorrer el mundo evangelizando en las universidades y centros de estudio. Es probable que con la muerte de la web ocurra algo parecido.

Los medios: felices

Las apps la van a llevar.

Una buena noticia sobre todo para los medios de comunicación. Hasta hace unos años era absurdo pensar que alguien pagaría por conseguir un producto que estaba libre en la web, aunque fuera ilegal, y ahí apareció iTunes. Se dice que ocurrirá lo mismo con el iPad y los diarios. Si la gente cambia su disposición a cambiar por un sistema que funcione entonces los ojos estarán puestos en la relación de la información con la interfaz y la información de calidad coherente con su soporte será pagado otra vez.

De hecho, la idea del iAd habría sido imposible de desarrollar en una web abierta. A través de los diferentes dispositivos, el control de la publicidad y del contenido mismo se hace más fácil, permitiéndole a las empresas periodísticas tener un mayor control sobre el nivel del contenido al que tendrá acceso el usuario y cuánto (o qué) pagará por acceder.

Michael Wolff, en la Wired también, explica:

If we’re moving away from the open Web, it’s at least in part because of the rising dominance of businesspeople more inclined to think in the all-or-nothing terms of traditional media than in the come-one-come-all collectivist utopianism of the Web.

Léelo en la Wired: