Giorgio Jackson y su éxito en las redes sociales: ¿El regreso de las noticias políticas?

Me cuentan que el video de la exposición de Giorgio Jackson ayer en el Senado fue un éxito en las redes sociales. No tengo datos duros, pero no encontraría raro que así fuera.

Muchos pensarán que el fenómeno contiene una crítica implícita a la pauta de los medios de comunicación, que muchas veces esconden el “debate real” en post de su propia agenda de desinformación. Sin embargo, habría que hacer un análisis más profundo. No descarto la tesis anterior, pero también creo que existe otra explicación.

Las redes sociales son una de las mejores oportunidades de la gente para mostrarse no como son sino como quieren ser. He escuchado a muchos periodistas decirme: “¿Pero de qué voy a hablar? No me interesan los temas serios, eso me va a desprestigiar”. En mi opinión, las apariencias duran poco en Twitter porque resulta fácil descubrir cuándo se trata de una postura artificial y cuándo de una convicción.

Tal como en la vida real: puede que alguien pueda vislumbrarnos en una primera reunión demostrándonos su inteligencia pero que en las posteriores sólo vayamos decepcionándonos porque nos damos cuenta de que, por ejemplo, repite los temas y los argumentos.

Sin embargo, esa percepción de que se puede ser como una quiera tiene una consecuencia para las noticias: la decisión de consumir y compartir no son siempre las mismas, la gente no comparte todo lo que consume.

Según un estudio al respecto del New York Times del que hablé antes, el 68% comparte para darle a la gente una mejor impresión de quiénes son y qué les interesa. El caso de la exposición de Giorgio Jackson en el Senado es un buen ejemplo: puede que un joven que lo compartió haya visto diez videos “estúpidos” en Youtube antes sin contarle a sus amigos o seguidores. Pero sí le interesó que la gente supiera que él estaba viendo ese video y no otro. Porque finalmente

Esta tendencia representa una gran oportunidad para los diarios que pretendan ser referentes “serios” ya que si son las noticias políticas las que se promocionan entonces inevitablemente aumentará su tráfico. A mucha gente le gusta mostrarse en las redes sociales como inteligente, informado y con opinión. El “espiral del silencio” se agranda en temas como la ecología o la defensa de causas fáciles pero que, en la práctica, significan poco como “la educación”.

El 73% procesa la información más profunda, rigurosa y reflexivamente cuando la comparte, lo cual representa otra oportunidad: si bien el joven vio 10 videos de gatos tocando piano antes del de Giorgio Jackson, es probable que a este último le haya puesto mucha más atención que al resto. Obvio: lo va a compartir. ¿Y si le preguntan después? No puede quedar mal.

Y ya que le puso más atención, los diarios podrían hacer un esfuerzo mayor por generar un debate alrededor de él. Y no me refiero sólo a comentarios, sino que también a interactivos. Ejemplo: una aplicación que determine en qué % estás de acuerdo con Jackson. Les gustaría compartirlo, creo.

Estudio: Por qué compartimos y cómo lo aplicamos a las noticias

Este estudio del New York Times busca explicar por qué compartimos. Basándo en las conclusiones y pensando en las noticias, hago algunos apuntes:

  • El 85% de las personas dice que leer la respuesta de otros los ayuda a entender y procesar la información. Hablando en términos prácticos, una nota no termina en el último punto que haya escrito el periodista sino que en los comentarios o incluso en la repercusión en las redes sociales. Me acuerdo de una amiga que una vez me comentó que a veces se saltaba el contenido de Política Rock y pasaba directamente a los comentarios. No sólo leemos el diario o el homepage a saltos sino que también cada nota. ¿Cómo puede involucrarse el periodista en este proceso? ¿Qué responsabilidad tiene?
  • Desde el punto de vista de los más proactivos, el 73% procesa la información más profunda, rigurosa y reflexivamente cuando lo comparten. El botón de Twitter o Facebook en el que muestra el número de veces que ha sido compartido son un buen indicador de su éxito no en cuanto a lectoría sino que de involucramiento de los usuarios con la información. Incluso podría crearse un índice mezclado con el total de clicks para determinar, por ejemplo, temas que generan muchos clicks y poco involucramiento.
  • El 94% piensa cómo la información le va a ser útil a otro. Para la pauta y la redacción. Un buen ejemplo: The Opportunity Gap de ProPublica, una aplicación mediante la cual intentan determinar qué tan ecuánime es tu Estado en el acceso a la educación, conectado con Facebook para determinar tu colegio y el de tus amigos.
  • El 68% comparte para darle a la gente una mejor impresión de quiénes son y qué les interesa. Ejemplo: Leo la nota de Adriana Barrientos con galería de fotos y una sobre Hidroaysén pero comparto sólo Hidroaysén. Como indicador de éxito las redes sociales se parecen un poco a las encuestas antiguar de televisión cuando se le preguntaba a la gente qué había visto. Influye mucho la “deseabilidad”, cómo quiero que me vean por sobre qué hago en realidad. Y más allá del contenido, ¿qué comunica la gente cuando comparte información de nuestro medio por sobre otro? Piñera cambia su gabinete. Uno comparte la nota de El Mostrador y otro la de Terra, ¿cuál es la diferencia?

  • “Disfruto recibiendo comentarios de que envié buena información porque es útil. Me hace sentir valiosa”. ¿Cómo facilitamos que los usuarios se transformen ellos mismos en los distribuidores de la información que entregamos? ¿Qué hacemos para que la información que entregamos nosotros los haga sentir más “valiosos” que la de otros?
  • 84% comparte porque es una buena forma de apoyar causas o temas que les importan. ¿Cómo recogemos todas esas causas o temas que muchas veces no aparecen en los medios? Los temas que producen adhesión ciudadana, como la ecología o las movilizaciones estudiantiles, pueden tener más cabida en la pauta de un medio digital.
  • Y una de las conclusiones sobre la que no sé qué decir: “Apela a la motivación de los consumidores de conectar entre ellos, no sólo con tu marca”.

Lo que podrán aprender los medios de noticias con la llegada de Netflix a Chile

La llegada de Netflix a Chile a fines de año podría poner fin a la idea de que en Chile somos un país proclive a la piratería y en donde difícilmente prosperarán servicios de pago por internet. Netflix es televisión on-line que ofrece series y películas a cambio de una suscripción mensual, ¿por qué habríamos de preferirlo antes que a Cuevana?.

El servicio partió en Estados Unidos y actualmente sólo se ha expandido a Canadá. En total tiene más de 23 millones de usuarios y Latinoamérica es sólo su segundo aterrizaje.

El precio mensual de suscripción allá es de US$7.99 y puede verse en diversos dispositivos, como televisores, computadores, X-Box 360 y Apple TV, entre otros (si quieres saber un poco más puedes leer un artículo que escribí en Sentidos Comunes donde incluso lo propongo como “lo que deberían estar mirando” los que debaten sobre TV digital).

La pregunta es: ¿Cómo le irá en Chile? Y la pregunta implícita es cuál es la propuesta de valor para un país donde Chile en el que podemos entrar a Cuevana y obtener un servicio similar.

Cuevana ofrece ver películas sin la necesidad de descargarlas, tal como Netflix. Su existencia se la debemos a, según ellos mismos explican en un reportaje de la Rolling Stone, un vacío en las leyes de Argentina, país donde fue inventado. “El vacío reglamentario que hay en el país hace que un sitio como Cuevana pueda existir sin trastornos legales (…) Los jóvenes creadores de Cuevana aseguran que nunca tuvieron problemas legales por el sitio, pero saben que dependen de lo que pueda cambiar con la regulación de la nueva Ley de Medios Audiovisuales”.

El éxito o fracaso de Netflix en Chile podrá ser un buen medidor para los medios de noticias on-line de los resultados de un “muro de pago” al estilo del New York Times. Hasta ahora, el principal argumento que he oído es el de “la cultura” chilena, supuestamente poco dispuestos a pagar por algo que podemos obtener gratis. Sin embargo, creo que un factor más importante es el de las leyes que protegen de la piratería y que en Chile, aunque a algunos les duela, son bastante flexibles. Han habido avances, pero EE.UU. aún nos mantiene en la “lista negra” de países con repsecto a la piratería. En Chile el costo por piratear (producir y consumir esos productos) es bajo, por lo que resulta inútil argumentar en el factor “cultural” los altos niveles de piratería en el país.

Por lo tanto, ¿por qué cambiarse de Cuevana a Netflix? Ya sea que alguien prefiera Netflix porque permite ver las series y películas en HD o porque está disponible para más dispositivos, el factor clave no está en la película, que finalmente siempre es la misma, sino que en lo que está alrededor de ella: su presentación, la experiencia de consumo. Si le va bien en Chile, los medios de noticias deberían comenzar a pensar en cobrar no por las noticias sino que por “lo demás”: cómo y dónde las leemos.

Actualizaciones

Simón desde Google+:

Video de Cascade: Herramienta de “seguimiento social” de las noticias

Los cabros talentosos del NY Times Labs crearon “Cascade”, una herramienta para, como ellos dicen, analizar las estructuras que subyacen a las actividades de compartir en la web. Como si con News.me ya no se las hubieran mandado.

Los dejo con el video:

Leer las noticias en el trabajo y sus consecuencias

Antes, cuando la gente leía diarios impresos, escuchaba radio o veía televisión, la gente lo hacía en sus casas o en el trayecto de su casa a la oficina. Hoy día, en cambio, la gente que lee noticias en línea lo hace en su mayoría desde el trabajo.

El estudio de Pablo Boczkowski se trata justamente de analizar las consecuencias de lo anterior. Aquí un video subido por Nieman Journalism Lab.

Pablo Boczkowski, Northwestern University, on online news consumption in the workplace from Nieman Journalism Lab on Vimeo.

Entre sus conclusiones se encuentran:

  • Leer las noticias desde el trabajo modifica las noticias, la clase de noticias que leemos, la gente con la cual conversamos sobre la actualidad.
  • La lectura de cada medio se hace de manera rutinaria, visitando el home y luego haciendo click en pocas noticias. Las visitas se concentran en temas más específicos. Las conversaciones, dice el profesor, pasan a ser del tipo “Oh, hay un incendio en tal lugar, oh, ¿viste los resultados de tal encuesta de tal tipo de competencia?”. “La gente entra, está unos 15 a 20 segundos, quizás un minuto -a lo mejor miran el primer párrafo de la noticia, y después dejan el sitio”.
  • Es sabido, dice, que de lo que conversamos explica en parte la clase de noticias que leemos. En las oficinas no se tiende a hablar mucho de temas como la política o cualquier otro que pueda generar conflicto. Esto motiva mayor atención en la sección de deportes o espectáculos, por ejemplo.
  • La gente que lee las noticias en la oficina tienda a vincular el concepto de leer noticias con el trabajo, por lo que son menos proclives a leer noticias los fines de semana.

Sobre este tema y otros más trata el libro News at Work: Imitation in an Age of Information Abundance. No lo he leído pero, al menos por lo que cuentan en el post que comenté de NJL, imagino que debe valer la pena.

Diarios con medallas para enganchar: “La gente quiere ver su cara en los sitios web”

Cosas así explican por qué el Huffington Post sólo es sobrepasado por el New York Times en cuanto al tráfico de sitios de noticias en EEUU.

El segundo tiempo de los medios en internet sigue jugándose fuera de la cancha de la información. Leo que el Philadelphia Inquirer y philly.com se asocian con Badgeville para comenzar a entregar medallas (badges) por leer, comentar y compartir noticias.

Badgeville obtuvo el primer lugar en el TechCrunch Disrupt de este año y está formado por los creadores de Farmville, el enviciante juego de Facebook que tiene más de 85 millones de usuarios.

El sistema de medallas ya lo usa el Huffington Post desde abril de este año. Las medallas fueron popularizadas por Foursquare, la red social de geolocalización.

En Nieman Journalism Lab publicaron una buena entrevista a Kris Duggan, el CEO de Badgeville.

Además de vender su producto, el CEO de Badgeville le da un par de tips a los diarios para mejorar su tráfico.

La premisa es que en tiempos de Twitter y Facebook los “home” de los sitios de noticias se vuelven cada vez más irrelevantes. Además, aparte de la cantidad de visitas y de los clicks, cada vez importa más el enganche de la audiencia con el sitio a través de estadísticas como cuánto tiempo se quedan en el sitio y cuán seguido regresan.

Duggan dice que no tiene sentido que un sitio deba simplemente agregar widgets o botones de Facebook en su sitio. “Sólo estás promoviendo Facebook, que es algo así como tu competencia”, dice. Y como la idea no es esa, lo que propone es utilizar las mismas tácticas que utiliza Facebook para volver su sitio tan atractivo. Trabajar con incentivos.

“De verdad creo que la gente quiere ver su cara en los sitios web”, dice.

El “lado oscuro” de esta clase de mejoras es el sentimiento de los periodistas. Detrás de las noticias existe un trabajo (la mayoría de las veces) profesional, así que es legítimo que se pregunten si no sería mejor invertir más en el reporteo o la calidad que en sistemas como el de Badgeville. Duggan responde diciendo que ningún sitio se mantendría por sí solo gracias a las medallas. De hecho, asegura que un sitio de noticias que implementa este sistema necesita contar ya con una comunidad importante.

La cancha no es la información (por ahora)

(Especie de memoria de práctica)

Está claro que el tema digital se viene con fuerza. Aunque la crisis no pegó en Chile al igual que en el resto del mundo, donde los diarios se vieron obligados a ponerle más atención a su extensión digital, ya hay signos aquí de que la cosa comienza a armarse.

Los medios se alarmaron cuando escucharon a Arthur Sulzberger del New York Times decir que su diario dejará de imprimirse “algún día”. Puede que no sea tan así y que el papel quede para unos pocos, como un privilegio, pero un periodista ya debería tener más o menos claro que lo que vende una empresa informativa no es un diario sino que la información que trae. Ahí hay palos para la gente de los centros de prensa de la televisión chilena, por ejemplo, que no ha querido o no ha podido entrar a competir con los que la llevan en internet: los diarios y las radios.

Lo definitorio

Pero ante arenas tan movedizas, hay cosas que van a ser definitorias. La cancha ha dejado de ser la información, el reportaje, la exclusiva, y ha pasado a tener más que ver con el envoltorio, la plataforma. Quizás ese sea uno de los puntos más importantes. Por supuesto, esto tienes consecuencias graves no sólo para los medios sino que para todo el rollo del “cuarto poder”: cada vez los reportajes de investigación se hacen más caros porque traen menos plata de vuelta.

Podemos considerarlos nuestros amigos o enemigos, pero no ignorarlos.

Antes, un diario podía guardarse una exclusiva y “golpear” a la mañana siguiente en el kiosko con su información, haciendo que los suscritos a la competencia sientan cierto disgusto de no haber optado por el otro. El concepto de golpear se relativiza cuando en tres minutos más aparecerá la misma información en otro sitio web, puede que mencionando a la fuente original pero quitándole todo el valor por el golpe.

Sin embargo, la idea de la cancha fuera de la información tiene también un lado positivo: es en la creatividad en donde se juega casi todo. Si un medio como el Huffington Post logró llegar donde está, después del New York Times en visitas de EE.UU., tiene más que ver con la mente de un(a) creativo(a) que con un trabajo de reporteo riguroso.

Porque el lenguaje de las notas -la mayoría de ellas de agencias o, simplemente de otros sitios web- es igual en casi todos los medios, al final te quedas luchando en una cancha ajena al reporteo y más cercana al márketing y la ingeniería. Por eso algunos dicen que hoy en día las noticias son un “commodity”.

La verdadera cancha

El márketing, por un lado, permite pensar en el “envoltorio” de la noticia, desde cómo llega a ella el lector, cómo lo atrapamos para que siga viendo nuestro medio y cómo lo retenemos para que regrese. Un ejemplo concreto es preguntarse qué hacer con todos esos lectores que llegan de las redes sociales y desembarcan en una noticia que encontró por casualidad compartida con un amigo. De hecho, Facebook es la cuarta manera más popular de llegar a las noticias en EE.UU. ¿Cómo hacer que esa experiencia se transforme en algo más que quedar náufrago en una isla informativa y motivarlo a seguir leyendo o volver?

¿Tiene eso que ver con la información misma? Poco.

Uno de los revolucionarios de la información, Julian Assange, el creador de WikiLeaks.com. Adivinen: no sólo es periodista, sino que también programador, físico y matemático. Cuando chico pertenecía a un grupo de hackers.

La ingeniería es importante porque el “envoltorio” tiene que ser desarrollado por alguien. Sobre todo porque internet cambia de manera abrupta -el gran ejemplo es Facebook-, un programador que sigue trabajando a pedido, desinteresado, sirve poco a la hora de innovar.

Además, trabajar en una empresa informativa significa también tener que estar preparado para la velocidad. Un grupo de desarrollo demasiado alejado de la redacción sirve de poco o nada. Si el futuro está en las aplicaciones como dice Chris Anderson, la importancia de los programadores será aún mayor. Imaginemos que queremos “romperla” en el rescate de los mineros y se nos ocurre hacer una aplicación-juego que nos permita conocer sus historias. ¿Cuánto demorará desarrollo en crear la aplicación? ¿Cuánto tiempo falta para que la noticia pierda su frescura?

Ariana Huffington, otra grande que se las mandó creando un diario con espíritu bloguero.

Estoy claro que no hablo de nada nuevo. Al menos aquí en Chile existen grandes pensadores del tema como Andrés Azócar y Eduardo Arriagada, pero no pareciera ser un tema importante para los periodistas. Y no lo digo sólo por el pensar desde el punto de vista del desarrollo, sino que de todos los ámbitos.

Una vez discutíamos con @camimz y @matterlandsen qué le faltaba a la Facultad. Enganchamos con lo digital y dijimos un par de cursos sobre el tema, pero en realidad no es eso. En realidad, es reflejar la preocupación dentro de lo que ya existe: en los cursos de ética, de política y de arte, por nombrar algunos temas. De todo. Por ejemplo, cuestionarnos por qué seguimos preguntándole cosas a los políticos si el “mandato” de representar a los ciudadanos se justificaba de manera simple en un modelo de medios concentrado como obligaban los formatos hasta antes de internet.

Slideshow: Contando historias con datos

Está escrito por Alan McLean y explica cómo presentar muchísima información.

Saco conclusiones rápidas:

  1. Odio Flash. Lo hace todo lento y engorroso, es como un parche. Rompe la unidad de los sitios. Dificulta la lectura. Flash se entendía bien hasta hace unos años, cuando no existían herramientas como Google Maps o jQuery.
  2. Los desarrolladores no sólo tienen que trabajar a la par de los periodistas, sino que también deberían ser propositivos.
  3. El no-sentido de publicar infinita información si a la gente no le sirve. Cuando un medio hace un especial, ese especial puede ser muy grande (ocupar muchos recursos humanos) o muy pequeño (ocupar muy pocos). Sin embargo, que sea grande no quiere decir que sea bueno. Quizás puedas hacer algo mucho menor, pero si tiene un foco y una intencionalidad clara resulta mucho mejor. Un ejemplo claro es que cada vez que se publica un especial sobre el cumplimiento de una fecha en Chile (cumpleaños del medio, 18 de septiembre, X años de…) se hace un recuento histórico desde hoy a esa fecha. ¿Y para qué, si tenemos los Icarito? Si el medio buscara una propuesta clara no sólo el resultado quedaría más clavado en la mente del lector y le sería más útil, sino que también se ahorrarían muchos recursos.

Era algo que quería decir desde hacía mucho. Gracias.